Celia Sánchez, la madrina

Por: Orlando Fombellida Claro
Publicado: 10/01/2020

Vilma, Fidel, Raúl y Celia

Este 11 de enero se cumplen 40 años del fallecimiento de Celia Sánchez Manduley, heroína de la Sierra y el llano de Cuba, quien vino al mundo en Media Luna,  residió en Pilón y desarrolló una intensa actividad revolucionaria en Manzanillo –localidades de la actual provincia de Granma-, y en  todo el país.

El doctor Armando Hart Dávalos, en la despedida de su duelo, dijo:

Celia era y será siempre para todos sus compañeros, la fibra más íntima y querida de la Revolución Cubana; la más entrañable de nuestras hermanas. La más autóctona flor de la Revolución.

(…)

Hay que situarla como genuina representación popular de la etapa en que Fidel y nuestro pueblo cambiaron el curso de la historia de América y ayudaron de modo decisivo a la transformación revolucionaria del mundo. Está junto al Che y Camilo. Como ellos, entró por las puertas de la eternidad como símbolo purísimo del pueblo cubano en la época de Fidel.

Guerrillera de cuerpo entero

Quienes se vincularon de alguna manera a esta cubana insigne, suman cientos. Uno fue el coronel Ramiro  Arturo Aguilera Barreiro (9-2-1926, Manzanillo-24-5-2010, Bayamo) quien la conoció en 1957 y junto a ella colabora con el Ejército Rebelde que operaba en la Sierra Maestra al mando de Fidel Castro Ruz, al cual ambos se incorporan posteriormente.

Ya retirado de las Fuerzas Armadas, Aguilerita, como le decían cariñosamente, contó en una ocasión que aunque Celia era mujer fina, de complexión física en apariencia débil, tenía una gran resistencia, demostrada no solo al acompañar a su padre en la escalada al Pico Real del Turquino, a colocar en la cima de Cuba un busto de José Martí.

Miren que Fidel era incansable y caminaba rápido en las montañas, sin embargo, Celia no se quedaba detrás de él. ¡Qué resistencia tenía! Añadió Arturo Aguilera, e hizo constar que esa característica era una de las que más admiraba en ella.

También encomió que fungía de “económica” de la tropa, llevaba el dinero y el control estricto de los gastos. “A Fidel se podía sacudir por los pies boca abajo, que no soltaba un centavo, él no llevaba dinero encima”.

La madrina

En el libro de 15,3 centímetros de ancho por 23 de alto, y 358 páginas, CELIA ensayo para una biografía, de Pedro Álvarez Tabío, se narra: “en fecha tan temprana como abril de 1957, Raúl Castro escribe en mensaje enviado desde la montaña a Celia, quien estaba entonces preparando en Manzanillo su segunda subida a la Sierra: “Tú te has convertido en nuestro paño de lágrimas más inmediato y por eso todo el peso recae sobre ti; te vamos a tener que nombrar Madrina Oficial del Destacamento. (…) Muchas cartas y mensajes posteriores de Raúl (…) van a estar dirigidas a “Querida Madrinita”.

Frugal almuerzo

En el aquí mencionado libro de Álvarez Tabío, aparece que en una ocasión varios de sus colaboradores van a recoger a Celia a las 5.00 de la mañana para salir por carretera a una reunión en una ciudad del interior de Cuba. Al montar dijo sonriente a sus compañeros de viaje: “Aquí llevo el almuerzo para no ocasionar gastos a la provincia” y mostró un cartucho de palitroques. “Y, además, les traigo hasta el postre”. Y enseñó otro cartucho de mamoncillos.

Al mediodía, cuando sus acompañantes hacía rato se esforzaban por disimular el hambre, repartió dos palitroques y un mamoncillo por cabeza. De más está decir que todos se sometieron sin chistar a la dieta.

Qué asamblea, Daniel

Daniel Rodríguez Verdecia, en la actualidad historiador del movimiento obrero en Manzanillo, cuenta que siendo él, primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en un municipio granmense, Celia Sánchez asiste a una asamblea de balance del organismo en su localidad, y en el punto de someter a votación la candidatura para el nuevo Comité municipal del PCC, un delegado pide la palabra y objeta a uno de los candidatos, y lo hace exponiendo argumentos fuertes en contra del objetado.

Dice Rodríguez Verdecia que a partir de ese momento él no cesó de pensar en la tremenda descarga que le echaría Celia por el suceso.

Por el contrario, al terminar la asamblea ella le dice: ¡Qué buena asamblea, Daniel, qué buena asamblea! Y lo felicita.

Estas son pinceladas que dejan entrever qué clase de mujer, de combatiente, de amiga, fue Celia Sánchez Manduley, quien hace 40 años partió a la inmortalidad, sin embargo,  La Madrina sigue presente en la mente y el corazón de su pueblo.

Tomado de La demajagua

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