Omara Durand: Reina de la velocidad y la vida

Por: Harold Iglesias Manresa/CubaSí
Publicado: 19/12/2019

Es una reina de las pistas, incluso su aura de grandeza se podía presagiar desde que, con siete años, en el poblado santiaguero de Boniato, el profesor Cascaret descubriera su talento en la escuela para ciegos y débiles visuales Antonio Fernández León.

Hoy, cuando sobre sus fibrosas piernas descansa una estela de 11 años imbatible, desde que producto de una ruptura de su bíceps femoral no pudiera rendir al máximo en los Juegos Paralímpicos de Beijing 2008, Omara Durand emerge nuevamente como la mejor deportista discapacitada de Cuba.

Hablar de Durand es casi recorrer el sendero de la excelencia deportiva una y otra vez, al punto de que sus registros cimeros en cada una de las distancias que devora (100 metros-11.40 segundos, 200-23.03 y 400-51.77) pueden competir con los de las mejores exponentes convencionales de nuestro país, e incluso, coquetear o colarse en finales de Mundiales.

Por ejemplo: en la lid del orbe de Doha, esos cronos de Omara le hubiesen merecido el puesto 19 entre las 24 semifinalistas en el caso de la vuelta al óvalo; el 20 le hubieran reservado sus 23.03 en el doble hectómetro, en tanto en la prueba reina, los 100 metros, hubiese sido la número 31 entre 50 sprinters.

Omara puede decirse que ha conquistado todo cetro al que un deportista aspira, pero eso no impide que los pinchos de la cinco veces reina paralímpica y en 11 ocasiones universal, destilen modestia, a tal punto, que considera que sin su entrenadora Miriam y su guía Yuniol Kindelán, muy poco de lo materializado hubiese sido posible:

«Sin Miriam no soy nadie, en ningún momento de mi vida. En el entrenamiento, si no está, me siento mal. No porque no vaya a cumplir con todo, pero me he adaptado a su forma. La química y confianza es total. En vacaciones, yo soy la que menos llamo, pero siempre ella está pendiente de todos sus atletas.

«El entrenamiento es fuerte, para poder tener resultados hay que cumplirlo todo. Le tengo pánico a los saltos entre vallas, los tramos con obstáculos. Hasta cierto punto, está en correspondencia con mi discapacidad visual. Respeto mucho los obstáculos.

«Concientizo qué tengo que hacer los tramos y los ejecuto. Los de más de 600 metros no los realizo, casi nunca los hago. El gimnasio también lo asimilo», expresó la multirrecordista paralímpica en una entrevista online realizada en la sede de nuestra redacción en el 2017.

Sobre su empatía con el guía Yuniol Kindelán, hablamos de que ahora es casi como mirarse al espejo, pero al comienzo costó mucho. Miriam acotó:

«Omara y Yuniol han acoplado muy bien. No es fácil ser guía. Antes tuve a Arián Iznaga y no fue nada sencillo. Las primeras semanas nos costó mucho, pero luego acoplaron rápido.

«Hicimos bastantes ejercicios de coordinación, pues Yuniol tenía su forma de correr siendo convencional y se paraba muy rápido en el bloque. Trabajamos mucho con ligas para lograr simultanear el tronco.

«Omara tenía una arrancada lenta, pasiva, cuestión que ha mejorado muchísimo. Ellos cogen el ritmo desde los primeros pasos. Tienen muy buena coordinación, especialmente en el braceo, trabajo con los codos, y actualmente ambos poseen un nivel bien elevado en ese sentido.

«Yuniol no solo ha sido guía de Omara. También ha ayudado a Nelson Salas y a Leinier Savón. Prácticamente es el guía del equipo.

«Captar a un guía es complejo. Formarlo es complicado, desde la comprensión hasta lo físico. Omara y Yuniol tienen personalidades similares. Hemos realizado un trabajo de captación profundo y nos fue en extremo difícil encontrar otro».

El palmarés de Omara en este 2019 ha sido impresionante. Su condición de invicta pasó, además, por la obtención de los títulos en el Grand Prix de Lima, carburando los motores y buscando tiempos de clasificación, para luego imponer su ley en el propio escenario, como parte de los Juegos Parapanamericanos.

En dominios del Cuzco, su lección de velocidad suprema dejó huellas de nombre 11.76 segundos en los 100 metros; 23.67 en el doble hectómetro y 52.51 para los 400.

Al hablar de sus motivaciones, siempre coloca a su hija Érika, su familia y el pueblo de Cuba como motores imprescindibles, esos que la motivan a trazarse nuevos horizontes, a tensar músculos y concentrarse al límite cada vez que coloca sus pinchos en el bloque de arrancada.

No piensa en lesiones, tampoco en el fin de su carrera deportiva. Como ha sucedido a otras estelares del deporte, la maternidad vino acompañada para Omara de mayor fortaleza, empuje, velocidad y, por consiguiente, mejores cronos.

Ahora, en su mente, comienza a formarse con fuerza la posibilidad de otra hazaña: un nuevo tridente dorado en los Paralímpicos de Tokio 2020.

Desafortunadamente para ella, su enfermedad visual, una especie de catarata degenerativa, se agudiza, pero Omara la desafía a diario, como mismo lo hace con las pistas y sus rivales.

No alcanzan tres cuartillas para aglutinar semejante talento y humildad. Méritos sobran para que fuese elegida con 219 votos, de 220 posibles, como la mejor deportista discapacitada de nuestro país en el 2019 que pronto verá caer su telón.

Con el aliento jadeante, como si acabásemos de cruzar la línea de meta luego de una crucial carrera de 400 metros, la nación toda reverencia a esta indetenible velocista santiaguera.

Tomado de Cubasí

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