Mery Flórez: “Ser mujer nunca ha sido un impedimento para representar a Cuba”

Por: Dianet Doimeadios Guerrero, Ana Álvarez Guerrero
Publicado: 12/12/2019

Toda la historia de María de los Ángeles Flórez Prida (1938) está en el encanto travieso, dulce y sabio de su voz. Tiene 81 años y es una mujer elegantísima. Cuentan quienes la conocen “de toda la vida” que el trinitario Armando Entralgo se enamoró de la muchachita más linda de Sancti Spíritus.

Mery Flórez, como le dicen en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex), atesora en su casa pequeños recuerdos de los países que visitó y, en su memoria, todas “las batallas” que libró “siempre desde el corazón” y en defensa de “la nueva patria”.

En las aulas de la Universidad de La Habana, Mery compartió amores, estudios y luchas con Entralgo. No pocos problemas tuvieron con la familia por colaborar con el movimiento estudiantil. Sus padres llegaron a retirarle la pensión que les permitía vivir en la capital. Transcurría el año 1957, la Colina estaba cerrada, decidieron buscar trabajo y se comprometieron en matrimonio.

Después del primero de enero de 1959, ambos convierten su vida en revolución, comienzan a trabajar en el Minrex junto a Raúl Roa. Ella como mecanógrafa, en noviembre de 1961.

Tras el nacimiento de sus tres hijos: Mariam, Marta y Carlos Armando, en 1963 la joven pareja viaja a Ghana. Cinco años antes, la Costa de Oro británica había aventajado a las colonias del continente; Acra ya era independiente.

Mery Flórez acompañaba a su esposo, embajador designado en el primer país de África Subsahariana que estableció relaciones diplomáticas con Cuba. El doctor Armando Entralgo llegó a ser uno de los africanistas más importantes de Cuba, y ella una gran diplomática.

Ghana, cuando África no estaba de moda

“El viaje fue muy largo. Te imaginas que no había pañales desechables y sí muchísimas horas de vuelo, más de 20 sin escalas. Mi hijo apenas tenía un año. Llegamos a Ghana sin tomas de leche y con nuestros tres pequeños. En aquella época África no estaba de moda, pero para mí fue una experiencia muy interesante”, dice Mery Flórez sentada en la sala de su apartamento del Vedado.

Era la esposa del embajador, la madre de sus tres hijos y colaboraba eficientemente en la oficina. En la segunda semana de enero de 1965, recibió una llamada; días después Ernesto Che Guevara llegaría a Acra procedente de Guinea-Conakri​, como parte de su gira por África.

 “El Che llegó el 14 por la noche, se reunió con el Movimiento de Liberación en Acra, conversó con líderes juveniles, del partido, sindicalistas, con la prensa. Kwame Nkrumah era el presidente y lo recibió dos veces, el 16 y el 20, la víspera de la partida. Fueron días muy intensos. Siempre que podía y no me dijeran ‘¿qué hace esta mujer aquí?’, iba a todo”, rememora.

    El Che y el poema número 20 de Neruda

    “El Che no perdía un minuto de vida, entre tantas actividades quiso ir a la presa de Akosombo, que estaban construyendo los estadounidenses en el río Volta. Lo acompañamos. Fuimos a ver la represa y después el jardín Aburi Botanical Gardens, un sitio como Topes de Collantes, en lo alto de una montaña, de una belleza indescriptible por la vegetación.

    “Al atardecer empezamos a descender para regresar a la ciudad y mientras conversábamos dentro del auto tocamos el tema de la poesía. De pronto, el Che, que iba delante junto al chofer, empezó a recitar el 'Poema 20' de Neruda: ‘Puedo escribir los versos más tristes esta noche’...

    “No podía creer que estaba sentada en un carro, con el Che recitando en un atardecer en Ghana. Después declamó a García Lorca, Miguel Hernández y otros poetas españoles”.

Diplomática a la carrera

Años después, Mery Flórez se divorció de Entralgo. Pero ese no fue el fin de su carrera diplomática. “Me quedé en el ministerio sin ningún problema. Empecé a trabajar en el área Multilateral como una simple oficinista, después fui secretaria, especialista... En fin, comencé a ascender en la medida en que me fui desarrollando”, cuenta.

María de los Ángeles Flórez Prida llegó a ser vicecanciller en 1995. Fue la segunda mujer que asumió tal responsabilidad en la diplomacia revolucionaria cubana.

“Retomé los estudios de Derecho –interrumpidos en 1957– por la modalidad para trabajadores y empecé a hacer mi propia carrera dentro del ministerio. Es un trabajo que siempre me ha gustado mucho y por el cual he tenido un sentido de pertenencia muy grande. No hay nada que a uno le dé más orgullo que representar a Cuba en foros internacionales, defender las posiciones de nuestro país en temas como los derechos de la mujer, la discriminación racial, los derechos humanos”, afirma.

El doctor Roa decía que éramos “diplomáticos a la carrera” –comenta y ríe–. Empezamos en una época en la cual tuvimos la suerte y el privilegio de tener a nuestro Canciller de la Dignidad como ministro de Relaciones Exteriores (1959-1976).

“Con él podíamos dialogar, siempre venía a conversar con nosotros. Era un hombre de una impronta y una personalidad muy grandes, pero muy cercano a todos los funcionarios –recuerda–. En esos primeros años, con toda la efervescencia y la juventud, tratamos de estar en todas las tareas que nos diera la Revolución”.

Y hasta los campamentos de la zafra del setenta fueron a cortar caña con el Viejo, como cariñosamente le decían al ministro los más jóvenes.

“Roa era jefe, profesor, amigo y un gran intelectual. Fueron tiempos muy difíciles. Ante todo, nos exigía ser jóvenes revolucionarios, estudiar, potenciar la espontaneidad, hablar con la verdad en la mano y tener el valor de afrontar todas las batallas por venir. Todas las que tuvimos que librar”.

En aquellos tiempos amenazados, no pocos jóvenes tuvieron que asumir grandes responsabilidades, ser nombrados embajadores, abrir embajadas en decenas de países. Antes de la Revolución, Cuba tenía relaciones con 49 países y solo en 40 de ellos había abierta una misión diplomática, cuyos jefes acreditados casi nunca estaban en su puesto.

¿Cómo era Roa, sobre todo, como ser humano?

–El canciller Roa era la persona más criolla que he conocido, de una cubanía tremenda. Confraternizaba contigo, te llamaba por tu nombre, se aparecía en tu oficina... Siempre nos acompañaba a los trabajos voluntarios.

“Tenía una particular debilidad por estar con el grupo de compañeras que trabajábamos en el Minrex. Nos preguntaba cómo nos sentíamos, qué hacíamos... Era un ser excepcional, simpatiquísimo; algunos querían imitar hasta sus malas palabras, pero nunca salían igual. Él las decía en el momento preciso.

“Son famosas las anécdotas de Roa en Naciones Unidas. Todos los traductores pedían a la delegación cubana: 'Por favor, dennos el texto del canciller'. Él se salía del escrito y decía frases que era muy difícil traducir. Incluso, había palabras que no existían en inglés, las utilizaba con el objetivo de ripostar a alguien. Toda su trayectoria en el ministerio fue para nosotros inolvidable, sobre todo, por haber compartido con él”.

Primera embajadora alterna de Cuba en Naciones Unidas

A partir de 1969, Mery Flórez integró cada año las delegaciones de Cuba a la Asamblea General de Naciones Unidas. Tiene muchas anécdotas de lo vivido, memorias de la juventud, de la patria y los pueblos del mundo. Dada su experiencia, en 1988 asumió como la primera embajadora alterna de Cuba ante la ONU.

Habla con pasión del área multilateral y de los organismos internacionales; sin embargo, quiere reconocer que “en el trabajo en los asuntos bilaterales ves y festejas los resultados a corto plazo: si hay un acuerdo, un negocio, cuando se aprueba un crédito o un empresario extranjero invierte en tu país. En lo multilateral, cuántas resoluciones aprobamos en Naciones Unidas y no se hace nada. Ya lo dijo Fidel, ¿para qué sirven las Naciones Unidas?, ganas una batalla y después no pasa nada”.

¿Qué día no olvida dentro de la sede de Naciones Unidas?

–Fue una época en la que se libraron batallas muy importantes en la Asamblea General, de las que pude tomar parte. Nunca olvidaré cuando se logró la restitución de los legítimos derechos de la República Popular China. Fue una ‘guerrita’ en la que Cuba, junto a Tanzania, Argelia y otros países, apoyó para que Taiwán saliera e ingresara China.

“Durante un día entero en la Asamblea General estuvimos discutiendo el tema. Estados Unidos pretendía imponer su posición. George Bush (padre) era el embajador; incluso, cometió un error que le costó bien caro. Se hicieron todas las maniobras procesales posibles para impedir el ingreso de la República Popular China a Naciones Unidas. No obstante, triunfamos. Fue en octubre del 1971”.

Entre tantos ideales por defender en aquellas décadas, ¿cuál defendía peleando y sufriendo, apasionadamente?

 –La batalla por la emancipación de la mujer junto a Vilma Espín. Cuando Naciones Unidas decide, en 1975, convocar a una conferencia mundial en México para combatir la discriminación contra la mujer, asistimos con una gran delegación. Vilma iba al frente. Cuando en esos foros se comenzaron a analizar los temas de la mujer, ya Cuba tenía un largo camino avanzado en cuanto a nuestros derechos.

“Teníamos esa ventaja y teníamos que aprovecharla por el bien de las mujeres de todo el mundo. Tuvimos posiciones de evolución, íbamos nucleando. Increíblemente, en el tema de la mujer, países que creías progresistas de toda América Latina eran extremadamente reaccionarios.

“Participamos en cuatro conferencias mundiales desde la proclamación del Decenio de la ONU para la Eliminación de la Discriminación de la Mujer: México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Pekín (1995).

“Cada país tenía su plan de acción para promover los derechos de la mujer, pero siempre nuestras posiciones chocaban contra las más retrógradas y reaccionarias. Teníamos la vanguardia en temas como el aborto, la orientación sexual, el derecho de la mujer a decidir el número de hijos que quisiera tener. Eso era tabú para algunas delegaciones; sin embargo, Cuba estaba al frente de todas esas batallas”.

De Sancti Spíritus a la corte con su majestad británica

La embajada cubana en el Reino Unido llevaba dos años sin jefe de misión y Mery Flórez fue designada para asumir el puesto en 1990.

“Todos los países tienen sus cosas, pero confieso que fui muy predispuesta a Gran Bretaña. Pensaba ‘¿qué tengo que ver con los ingleses?’. Iba casi a regañadientes, pero disciplinadamente”.

A Mery la montaron en una de las carrozas que usaba la reina Victoria y “en un abrir y cerrar de ojos” estaba ante Isabel II presentando sus cartas credenciales. “Tienen un protocolo muy complicado, de momento me pregunté: “¿Qué yo hago aquí en la Corte con Su Majestad británica?”.

Hoy rememora con pasión sus años en Londres. “Fue una experiencia muy interesante. En Reino Unido constaté que había un gran interés por Cuba, como la isla más grande del Caribe. Para los ingleses esta zona es muy importante. Se desarrollaron lazos sobre todo en las esferas económica y comercial”.

Después de la visita a La Habana de la baronesa Lady John, una mujer que promovió a los más altos niveles en el Reino Unido las relaciones con Cuba, se aprobó la Iniciativa Cuba en 1995.

 “Lady John se impresionó cuando pudo constatar los recursos humanos de Cuba y las capacidades del pueblo cubano. Trató de explicarle al empresariado británico que la Isla era diferente, que no podía juzgarse con los mismos parámetros de otros países que no estaban bloqueados. Aquella época no fue fácil, estábamos en pleno Periodo especial. Había muchas dudas.

“A raíz del ‘desmerengamiento’ de la Unión Soviética, un ministro británico me preguntó cuánto le quedaba a nuestro Gobierno. Tuve que explicarle que Cuba era singular y que la Revolución Cubana era un hecho único que no admitía comparación”.

Regresa a Cuba en 1995 y se convierte en la segunda viceministra de la historia del Minrex.

–Efectivamente, desde 1995 hasta el 2000, estuve a cargo del viceministerio de Asuntos Multilaterales, muy relacionado con todos los temas de Naciones Unidas: el bloqueo, con el cual seguimos; los derechos humanos; el desarrollo económico...

¿Cómo un país tan pequeño ha logrado dominar tanto el área multilateral dentro de la diplomacia mundial?

–En primer lugar, porque teníamos a Fidel. Él fue quien puso a Cuba en la primera línea del contexto internacional. Antes, ¿qué éramos?

“También hay que tener en cuenta las posiciones de valentía de Cubañ, siempre en defensa de las causas más nobles, de los oprimidos. Hay que recordar las denuncias justas de Fidel, el Che y Roa en Naciones Unidas contra el colonialismo, el neocolonialismo; en defensa de todos los pueblos, por la causa de Puerto Rico, por ejemplo. Ahí ha estado Cuba.

“Por eso, por su dignidad, tesón y esfuerzo es por lo que ha sido respetada. Así logramos ser electos a órganos a los cuales otros países no lo son, a veces frente a naciones fuertes con dinero para comprar votos y nosotros firmes, con nuestros principios y embajadas por todo el mundo”.

¿Por qué Cuba, un país pequeño, subdesarrollado, tiene que tener tantas embajadas en el mundo?

–Cuba es una potencia en la diplomacia, precisamente, para evitar que nos aíslen. Desde el año 1959 nos quieren acorralar; por eso, desde el mismísimo triunfo revolucionario decidimos desarrollar las relaciones con todos los países.

“Además, nuestras embajadas son ejemplo de austeridad. Una embajada, a veces, es conducida solo por un matrimonio. Apenas con personal, con presupuestos rigurosos, sin ostentaciones, pero necesitamos estar en todas partes, es por una necesidad de la Revolución Cubana”.

Usted fue embajadora en Italia del año 2000 al 2005, luego presidenta de la Comisión Nacional Cubana de la Unesco y después embajadora en la sede parisina de esa organización de 2010 a 2014.

–En Italia, al igual que en Gran Bretaña, el movimiento de solidaridad es muy fuerte. Existen varias asociaciones que promueven, en los tiempos más difíciles, la verdad de Cuba frente a los medios de comunicación, que siempre se refieren a nuestro país con mentiras y falsas noticias. Esas asociaciones a lo largo y ancho de Italia trabajaban por ayudar a Cuba, porque estuviera siempre en el primer nivel de información en su país. Pude recorrer Italia completa gracias a la solidaridad. En cada ciudad había una asociación y entonces querían que uno fuera, que explicara…

¿Cómo logra incluir en 2013 la colección documental sobre la vida y obra de Ernesto Che Guevara en el Registro de la Memoria del Mundo?

–En la Unesco ha habido una tradición de trabajo por parte de los embajadores cubanos. Tuvimos la tarea de que se incluyera en el Registro de la Memoria del Mundo toda la obra del Che, sus manuscritos de la adolescencia y la juventud hasta el Diario en Bolivia: 1 007 documentos, más de 8 000 hojas. Y lo pudimos lograr aun con la oposición de los Estados Unidos.

“EE.UU. estuvo presionando a la directora general de la Unesco, Irina Bokova, para que no firmara el certificado que acreditaba la obra. Incluso, había un norteamericano en el comité de expertos que evaluaba la propuesta de Bolivia y Cuba. En el Registro de la Memoria del Mundo se recogen las obras más grandes de la humanidad. Esa fue una victoria importante.

“Vivimos otra gran batalla, no solo de Cuba, sino de todos los países. En 2011 nos unimos para que Palestina fuera incluida como Estado miembro de pleno derecho. Estados Unidos perdió la votación y anunció que le retiraba el financiamiento a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Aún le dura el berrinche”.

La diplomacia revolucionaria es Fidel

Mery Flórez trabajó en el Minrex hasta 2018. Durante más de medio siglo contribuyó a edificar la diplomacia revolucionaria cubana, que este 23 de diciembre cumple 60 años, y cuyo prestigio –considera– descansa en tres palabras y un nombre: Fidel Castro Ruz.

“Todo lo que se ha hecho en la diplomacia desde el primero de enero de 1959 es obra de Fidel. Si bien tuvimos otros grandes exponentes como Roa y el Che, el guía y estratega de la diplomacia revolucionaria es el Comandante en Jefe, quien nos ha movido a través de todos estos años”, afirma.

¿Qué instantes de su relación con Fidel recuerda a menudo?

–En los vuelos Fidel hacía preguntas, caminaba por el avión. Tuve el privilegio de estar en su visita oficial a Sudáfrica. Mandela trataba a Fidel como si fuera su hijo, con cariño. Ver a esos dos personajes mundiales de cerca fue muy emocionante. Además, Fidel fue a Robben Island, a visitar la celda donde Mandela estuvo tantos años. Entró, vio donde dormía Mandela, se asomó a la ventanita para ver la vista que observó durante 27 años. Hicimos un recorrido por varias ciudades, donde tuve la oportunidad de acompañarlo y escucharlo.

“Asimismo, cuando era embajadora en Reino Unido, vino un grupo de delegaciones comerciales y de Gobierno desde allá. Fidel se apareció en la residencia del embajador británico, cuando nadie lo esperaba. Improvisó unas palabras, hizo muchas preguntas. De repente, cuando estaba hablando sobre la salud pública, me miró y preguntó: “¿Y ustedes cómo resuelven los temas de salud en la embajada?”. Se interesaba por cada detalle, por todas las cosas.

“Era incansable y sabía de todo. Cada vez que había reunión de embajadores, Fidel siempre dedicaba una parte de su tiempo a reunirse con nosotros, para hacernos preguntas sobre los temas de actualidad. Durante muchos años se reunió con nosotros en el Minrex o en el Palacio de la Revolución. Incluso, cuando ya estaba enfermo, vino dos años consecutivos.

“Él siempre estaba ávido de saber lo que pasaba en el mundo y, sobre todo, presto a recibir las vivencias de los compañeros que estaban trabajando en el servicio exterior. Cuando había un tema que le interesaba, interrogaba al que fuera. Siempre tuvimos ese contacto con Fidel”.

“Cuba ha tenido mujeres en todas partes”

¿Qué es la historia de Mery Flórez sino espejo de sus sueños, de su voluntad y fe? Desde la experiencia, aconseja: “La verdad ante todo, la austeridad. Defender el orgullo de ser cubano, representar con el escudo esta pequeña isla que antes no estaba casi en el mapa y, sin embargo, tomó la dimensión que hoy tiene”.

Representar a Cuba no es fácil, aclara, “porque hay momentos en los que te quieren aislar y es duro, pero la Revolución Cubana es tan auténtica y autóctona, que renace una y otra vez”.

A su lado, en una mesita, junto a las orquídeas blancas ha creado una atmósfera hechizada de la memoria. Tiene dos fotos de Fidel: una en Naciones Unidas; en la otra ella lo acompaña. Detrás, está sentada junto al Che en Ghana, ambos con labios sonrientes. En el último cuadro guarda el instante en el que conversa con Amílcar Cabral, por siempre: “Nunca olvido a África”.

En las fotos, y ahora, el rostro de la diplomática cubana es hermoso, es la imagen poética de lo vivido. Más que a la nostalgia, las historias de Mery están ligadas a la esperanza:

“A pesar del resto de las responsabilidades que manejamos las mujeres, como atender el hogar y los hijos, ser diplomática tiene sus ventajas. A veces podemos acceder a lugares a los cuales un hombre no llegaría. ¿Que si nuestra vestimenta puede convertirse en un problema?, nunca. Uno debe vestir como lo que representa, con dignidad y sin tratar de aparentar lo que no es.

“Ser mujer nunca ha sido un impedimento para representar a Cuba, porque tuvimos a la persona que más defendió nuestros derechos: Fidel Castro. De hecho, ahí está la historia del Minrex, que ahora cumple su aniversario 60. Cuántas mujeres han ocupado cargos de embajadoras, de cónsules generales y otros puestos importantísimos. La primera mujer embajadora de Cuba en Revolución fue Alba Griñán, precisamente en Gran Bretaña. Fidel la nombró directamente. Luego, Cuba ha tenido mujeres en todas partes”.

Tomado de Cubadebate

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