Yoga: el arte milenario o la luz que necesitamos

Publicado: 10/07/2019

Curar, ser útil, sanar cuerpos. Esas eran las misiones que traía en la vida la camagüeyana Sandra Pérez Moros. Quizás por eso el primer destino visible fue la medicina. Pero quería más, o mejor dicho, prefería otra manera de salvar vidas, de sanar personas.

Desde las aulas encontraba que la nutrición era asignatura pendiente en la formación médica. Y su curiosidad le guió hacia la investigación de cuanto pudo, incluso de alternativas menos occidentales. Fue así, en esa búsqueda y gracias a un amigo, que conoció sobre el yoga; y quedó atrapada. “Y enamorada. Llevo ya unos 10 años en este mundo, y desde hace dos decidí impartir clases también, lo que demanda más meditación y más estudio”, acota.

Cuba cuenta con una academia de yoga, donde se imparten clases y cursos para la formación de instructores, los cuales suman unos 30 ya en toda la nación. No obstante, son más populares otras variantes similares como el tai chi.

“Lo que sucede es que hay que divulgarlo más, hacer eventos, mostrar sus beneficios, que la población conozca que existen diferentes tipos de yoga, que puede ser según lo que necesite la gente y para dolencias puntuales, como los más conocidos de hombro y cuello”, como asegura Sandra. Además, hay que conocerlo como un arte milenario que no es solamente estiramiento o cosas de excéntricos o intelectuales.

En Camagüey con Sandra suman tres instructores, pero estos no trabajaban en conjunto hasta la celebración del primer Simposio de Yoga, una manera muy local, pero grande en motivaciones, de intercambiar, de lograr una unión que beneficie a todos y de, también, divulgar conocimiento.

“Después de la primera clase –cuenta– los alumnos lo primero que perciben es un cambio, menos estrés. Y es que es una forma de sanación a través del cuerpo. Las distintas asanas –posturas– equilibran las maneras de moverte, de alinear tu columna y, con la perseverancia, resulta un remedio eficaz que previene cualquier enfermedad”. Y eso es útil a todos. Por eso cree que esa debería ser la primera opción a la que deben acudir las personas.

“Las enfermedades surgen porque nosotros mismos rompemos el equilibrio, lo violentamos. Y a veces con formas holísticas de terapia podemos guiar el cuerpo a sanar.

“Claro que si falla siempre se pueden apoyar en opciones modernas, pero sugiero pensar en formas más naturales, como conectarnos entre nosotros o conversar con un amigo, no hay mejor consulta psicológica que esa.

“La soluciones que genera el yoga llevan tiempo, no es magia, sino  algo de disciplina, constancia. Es una forma de sanación del cuerpo, a través del cuerpo, donde partes de equilibrar las formas de respirar, de mover el cuerpo, de alinearlo y luego vas a planos más profundos cuando sabes qué hay dentro de ti”.

¿En lo personal cuánto le ha servido estudiar medicina primero y conocer el yoga después?

La primera me ha dado herramientas muy fuertes, porque si quiero saber cómo funciona el cuerpo debo saber de anatomía, de cómo trabajan las articulaciones. Ha sido una herramienta en el cual también insiste actualmente la Academia Internacional de Yoga.

“Y luego de estos años de estudio puedo asegurar que las dos experiencias me han ayudado mucho. El yoga llegó para ser unión,  conexión; me ha permitido conocerme a mí misma y ver cosas en los demás que en otras ocasiones no hubiera podido ver; percibir ese algo más que va más allá de lo que se pronuncie. Es como poner un poco de luz en esas oscuridades que luego podremos ver”.

(Trabajadores)

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